Solo cuando duermo no hay ruido. Es ahí, en mis sueños, donde todo es posible, un lugar bello y mágico, donde la fantasía se realiza, se desarrolla difusa y mágicamente en colores, texturas y aromas. Nada de lo que pasa ahí se entiende del todo, pero en sencillamente bello cuando ocurre.
Al momento de despertarse se vuelve a la realidad, y la ansiedad aparece junto con las responsabilidades por cumplir. Tu cabeza empieza acelerarse nuevamente, una bola que se va creciendo a medida que avanza el día, que no para de andar y crecer. Bloquea todo intento de algo, toda libertad de realización, cualquier capacidad de hacer algo útil. Solo permite consumir x, ver redes sociales, consumir basura, todo para alimentar la misma ansiedad. Una retroalimentación positiva que no para, incontenible por este cuerpo, lo sobrepasa y lo controla.
Me he dado cuenta que la calle me da tranquilidad, ese caos exterior da paz al interior - paradójico, ¿no?- y permite atenuar un poco la avanzada del desespero. No entiendo porque debe ser así, ¿Acaso mi casa no debería ser un lugar de paz?, ¿ qué sucede dentro de mi para percibir mi hogar de esta manera? . Parece que el desorden de mi cuarto también es el desorden de mi alma.