Tengo 25 años en los que no he logrado nada, pero tiendo a creer que tengo mucho por lograr. Veo a través de mi como mi conciencia resalta la capacidad de mis potencias para ser realizadas, mientras experimento que en la realidad difícilmente lo hacen; es frustrante y doloroso pensar en lo que podría ser pero no es. Es más fácil pensar que si me pongo juicioso podré realizar dichas potencias, a veces ubicandome como individuo fuera de mis determinaciones inmediatas, como si de alguna manera eso fuese posible. En este juego mental uno se imagina en prime, con todas las dificultades idealmente superadas, en un estado de gozo eterno.
Creo que ya han pasado aproximadamente unos 5 años en que la pandemia empezó, y unos 3 años desde que el aislamiento obligatorio se levantó. En lo personal creo que fue un punto trascendental y terrorifico haber experimentando el aislamiento, más el temor de la misma pandemia. Esto lo digo porque es ahí donde tienes que enfrentarte a ti mismo, sin filtros, sin mediación, sin medicinas, solo tú contigo. Evidemente compartiamos con las otras personas de nuestro núcleo familiar, pero cada quien estaba viviendo su lucha. Es ahí que sentimos la verdadera determinación, obligados a estar aislados y afrentarse a las pirañas que has alimentado en tu mente a lo largo de tu vida, ignorandolas mientras crecian.
Es sencillamente frustrante pensar en ese punto de la vida, pues crees que si todo hubiese sido diferente me encontraría en una situación distinta, que no es necesariamente cierta, pero reconforta pensarlo.
Es sencillamente frustrante encontrar a los 25 sentado en al frente de tu pc, con tus potencias irrealizadas, sin empleo, con ganas de ser alienado para poder tener dinero para intercambiarlo con las mercancias que deseas. Mientras piensas paralelamente como harás para pagar las deudas adquiridas y garantizar la reproducción de tu vida misma y de tu familia. ¿Aun soy joven para todo esto? Me pregunto todo el tiempo. En realidad me siento joven, pero miro como me hago viejo, como el tiempo puede terminar para mi en cualquier momento, y contra ese pesar no hay ningun antidoto.